ROBO SACRÍLEGO O ATENTADO EN LA FUENCISLA
Por una vez mis dedos refractarios a la tecla se resisten a plasmar mi horror ante acto tan vil, anduve un par de días vacilante y como desasosegado pues por una parte veo en el suceso una especie de castigo por la descristianización de nuestra patria pero por otra puja en mí el espiritu de verdad y la defensa de mi Fe.
Me he quedado en blanco. Le han quitado el fajín y el bastón de mando y la corona a nuestra Capitana Generala la que le impuso el deán Revuelta- debe de estar llorando en el cielo por semejante ultraje aquel canónigo de Escalona. Un hombrón de casi dos metros, amigo del general Varela- porque gracias a su intercesión los Rojos que llegaron al Cerro Matabueyes y coparon los pinares de Valsaín avanzando sus líneas hasta la Granja no entraron en Segovia librándose así nuestra ciudad del horror y la destrucción y de los “paseos”.
Y todo gracias a esta bendita imagen que se alza junto a la roca donde las águilas hacen sus nidos y que libró a una pobre judía condenada por un sanedrín de morir defenestrada desde lo alto del acantilado del viejo mar que bañaba a la ciudad en tiempos megalíticos. El sanedrín. Siempre el sanedrín. Los postulantes de la impiedad. Me resisto a creer que haya sido la avaricia la que haya movido esa mano alevosa a destrozar la corona y a mancar la mano donde sostenía el orbe terráqueo, esa plata y ese oro y ese cobro tienen sólo un valor relativo.
Es mucho mayor la afrenta a los sentimientos de un pueblo que venera a la Virgen bajo esa advocación de fuente, vida, isla, tierra desde la edad media. Un episodio más a mi juicio de los tiempos de apostasía y de reniego que vive nuestra sociedad asendereada y asentada en el laicismo pero sin dar un paso al frente y sin decir adsum. Aquí estoy yo. Aquí estamos. En la última reunión de los de mi curso la promoción del seminario del año 1955 le cantamos con el mayor fervor un himno en latín. Alma Redemptoris Mater. Del tiempo de Adviento.
Todos nos lo sabíamos. Ninguno de los claustrales, de los observantes y de los relajados de los que cantaron misa y los que no la cantaron no habían olvidado el motete, como nadie desconoce las nanas que le cantaba su madre. Y todos nos sentimos un poco bajo el manto de la Virgen y al calor de su regazo.
A mí la Virgen de la Fuencisla me salvó dos veces la vida. Una vez cuando bajando por el camino nuevo-tenía yo catorce años, el 58, y era acólito de la novena de septiembre- derrapó mi bici y mi cuerpo quedó pingando sobre el pretil del puente en sobre el Eresma en el empalme con la carretera de Arévalo, sentí una mano que me tiraba de bruces sobre el abismo pues me hubiera despeñado al caer de una altura de más de diez metros, y la otra ya de mayor en que por poco tambien mi vida se despeña pero de otra manera y ocurrió 1974 en el parque de San Francisco de Oviedo más en el sentido moral que físico y Nuestra Señora estaba ahí para echarme un cable. Es algo inefable.
Algo que me parece que sólo podemos entender los españoles y sobre todo los segovianos y los que hayan leído las Partidas y los Milagros de Nuestra Señora de Berceo. Es la creencia en una fuerza de amor y de esperanza. En algo vivo. Ese amor nos lo infundieron desde niños y permanecerá ahí para siempre. Nadie nos lo podrá arrebatar. No es extraño que Segovia esté en pie de guerra como me comunica un querido compañero- el más sacerdote de todos nosotros aunque en su momento en el último año de Teología rehusó la imposición de manos del obispo intuyendo en parte la debacle que había de venir- y por eso en este momento duro para nosotros los segovianos es conveniente estar unidos y responder:
-Adsum
Estamos presentes. Nada de acojonados. Dolidos y muy heridos pero avanzando. Seguros de la victoria final. Algunos van a tenerse que apretar los machos.
-Madre de la Fuencisla perdónalos por su iniquidad. No saben lo que hacen. Nosotros te devolveremos el fajín, el bastón y la bandera roja y gualda. Que toquen a generala. Ya.
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